La desgarradora historia de Bailey Cooper no deja indiferente a nadie

Bailey Cooper era como cualquier niño, hasta que un médico le diagnosticó cáncer, según informa Non-Hodgkins lymfom.

De repente, su vida normal de niño fue reemplazada por visitas médicas constantes y quimioterapia.

Pero a través de toda la miseria y todas las adversidades, Bailey siempre fue positivo y feliz, la alegría del pequeño era el único rayo de sol en el terrible momento que vivía la familia.

En febrero de 2017 llegó la esperada y feliz noticia: el cáncer había desaparecido. Bailey podría regresar a la escuela y parecía que la vida volvería a la normalidad.

Pero durante la semana santa de 2017, la familia recibió una llamada que los dejó destrozados.

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Después de una visita médica de rutina, la familia de Cooper recibió un devastador mensaje, era la primavera de 2017.

El cáncer había regresado al cuerpecito de Bailey. Nuevamente, el niño de 9 años luchó valientemente contra esta terrible enfermedad.

Después de un tiempo, sin embargo, los resultados positivos llegaron de nuevo, el cáncer desapareció nuevamente.

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La familia estaba orgullosa de su pequeño luchador y cruzaban los dedos para que esta fuese la última vez que el cáncer acechase sus vidas.

Pero, en agosto de 2017, nuevamente llegaron noticias que hicieron que la familia se quedase destrozada. El cáncer había vuelto y esta vez el pronóstico era oscuro.

“Los médicos nos dieron la noticia”, dice el padre de Bailey Lee a Bristol Post y continúa:

“Esta vez, el cáncer estaba en el fase 4. Era muy agresivo”.

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La fase 4 es la última y significaba que se había extendido por todo el cuerpo. Entonces ya casi se puede decir que no hay retorno.

Los médicos ahora encontraron células cancerígenas en el pecho, pulmones, hígado y estómago de Bailey. Le dieron días de vida, tal vez semanas.

Cuando Bailey escuchó las desgarradoras noticias, se quedó destrozado, pero a la vez estaba decidido a seguir viviendo.

¿La razón? Quería conocer a su hermanita, que nacería unos meses después.

La familia pidió a Dios que su hijo sobreviviera lo suficiente para conocer a su nueva hermanita.

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Contra todo pronóstico, el niño mostró el gran luchador que era. Y en noviembre pudo tener a su hermana recién nacida en sus brazos. Sus padres incluso le permiten elegir el nombre de la niña: Millie.

“Se abrazó a ella e hizo todo lo que un hermano mayor podría hacer: cambiarle el pañal, lavarla,cantarle”, cuenta la madre de Bailey, Rachel.

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Lamentablemente, Bailey comenzó a perder su fuerza justo después de que naciese Millie. Su cuerpo se hacía más y más débil cada día.

La familia soñó con que podrían celebrar la Navidad juntos, y los padres de Bailey le pidieron que hiciera una lista de regalos de Navidad.

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Pero el niño mostró el mismo altruismo que había mostrado a lo largo de su lucha contra el cáncer. Bailey solo pidió regalos que él sabía que su hermano menor, Riley, podría quedarse.

Justo antes de la Navidad de 2017, familiares y amigos hicieron un último viaje al hospital para cuidar bien a Bailey.

Cuando la abuela de Bailey lloró y le dijo que quería tomar su lugar, el pequeño le dijo:

“Suena realmente egoísta, abuela”, respondió Bailey, y continuó: “Tienes otros nietos de los que ocuparte”.

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Finalmente, el cáncer alcanzó el cerebro de Bailey. Después de cinco dolorosos días de tratamiento con radiación, el valiente niño le dijo a su familia que sabía que había llegado la hora.

“Quiero quedarme, pero mi tiempo aquí  se ha terminado. Tengo que convertirme en su ángel guardián”, dijo Bailey, señalando a su hermanita.

El 22 de diciembre, llegó el momento de la despedida final de Bailey. Su familia estuvo a su lado cuando el niño dejó de respirar lentamente.

“Nos sentamos allí hora tras hora y lo vimos irse poco a poco. Le leímos cuentos y escuchamos su música favorita”, cuenta la madre Rachel.

“A las 11:45 de la víspera de Navidad nos sentamos en su cama. Sabíamos que no pasaría mucho antes de que se fuera. Le dijimos: es hora de descansar ahora, Bailey”.

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En ese momento, una lágrima rodó por la mejilla de Bailey. Y suspiró por última vez, en paz.

La familia estaba desgarrada tras su gran pérdida, pero encuentran consuelo en saber que el pequeño finalmente podía descansar en paz.

“Estamos tristes, pero a la vez felices de que no siga sufriendo”, dijo Lee.

Ahora están decididos a cumplir los deseos que Bailey les pidió a lo largo de su tratamiento:

“Entre lo último que me dijo fue: solo tienes que llorar durante 20 minutos”, dice Rachel, y continúa:

“Después tienes que ocuparte de Riley y Millie”.

Lee Cooper
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La historia de Bailey es desgarradora y trágica, pero su coraje, fortaleza y actitud positiva a través del dolor y la dificultad continúan inspirando a personas de todo el mundo.

A pesar de que su familia está destrozada, sabe que el brillo de su recuerdo y su legado continúan viviendo.

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